Prueba Triumph Speedmaster 2011: pura sangre en ruta
Con el mejor detalle custom y un carácter impecable déjate llevar por este equilibrado conjunto, que combina estilo cruiser y toques retro, con un motor que no te dejará indiferente.
3 Opiniones sobre esta prueba Opinar18 abril 2011 - por Mariano Hinjos, Mariano Hinjos
La marca inglesa lleva ya un rodaje considerable en el mundo custom, todo comenzó en 1995 con las primeras exportaciones al mercado americano y con la aparición en escena de la incombustible – por algo será – Thunderbird, sólo que en sus orígenes se trató de un motor 900cc tricilíndrico, y con ella la entrada por la puerta grande de dos tendencias que supondrían un éxito sin igual para la marca, el custom comenzaban su andadura bajo la marca inglesa. Este paso supuso un antes y un después, la acogida fue buena y dio entre otros pie a que una de las maravillas que ruedan con estilo propio por nuestras carreteras, la Bonneville, esta montura retro se relanzó en 2001 y se convirtió en el buque insignia de la marca con unas ventas relanzadas gracias a esta joya.

Para el motero que busca disfrutar en cada curva con el mejor estilo.
Todo esto que os cuento viene al caso ya que le motor de la boni se adaptó a otras monturas, una al más puro estilo café race la Thuxton y otra destinada a los gustos del mercado americano y con un carácter cruiser muy marcado, hablamos de la Speedmaster.
Sin duda estamos ante una moto que podríamos englobar dentro de aquellos moteros que buscan la ruta en solitario, ya que su plaza trasera es casi un elemento estético más que algo práctico, debido a sus reducidas dimensiones.
El conjunto tiene claros toques de su hermana retro Bonneville y por supuesto de la América y podríamos decir que claramente ha compartido las bondades del flexible y suave motor de la boni, eso sí con un carácter propio y una estética que está entre el más puro estilo custom y una aire sport cruiser.

Cromados, negros mate y brillantes inteligentemente combinados.
Sus llantas de aluminio de ejes combinando el negro con los pulidos de color del aluminio, le dan un toque perfecto. La marca este año ha recurrido a combinar los brillantes negros de pintura, con los mate de ruedas y elementos del motor, como en el caso de la nueva incorporación a la familia Triumph de la más espectacular y renovada custom Thunderbird Storm que también emplea esos toques vistosos de aluminio y negros.
Un placer que se transmite perfectamente a nuestros sentidos y hace perfecta cualquiera de nuestras salidas
Otro de los detalles protagonistas del conjunto lo encontramos en las estética de faro, intermitentes y espejos, estos dos últimos integrados en el manillar. Desde la postura de conducción la instrumentación esta originalmente repartida entre el depósito y el manillar a la altura del faro, con un buen número de cromados que configuran este lienzo visualmente imponente.
En el modelo 2011 se ha cambiado la distancia entre ejes, pasando de los 1.655 mm a los 1.605 mm para hacerla mucho más ágil y manejable, aunque parezca poco se nota. Con un asiento en el que nos sentiremos como en el sofá de casa y con postura de conducción de piernas adelantadas, la misma se torna relajada y dada la suavidad del motor en un placer que se transmite perfectamente a nuestros sentidos y hace perfecta cualquiera de nuestras salidas. A la hora de meterla en ciudad, a pesar de que su centro de gravedad es bajo – por ello de su agilidad y facilidad de conducción – y apenas notaremos su notables 229 kilos su radio de giro es reducido, volviéndose algo caprichosa para moverse entre el tráfico y que se ven influenciadas por su grado de lanzamiento (33,4 grados), por lo que podremos afrontar el bullicio urbanita conociendo sus limitaciones a la hora de serpentear entre el caos de las ciudades.

Facilidad y agilidad para moverte a tu gusto disfrutando de cualquier ruta.
Las suspensiones se comportan de manera correcta, pero claro su discreto recorrido delantero de 41 mm retorna en una horquilla caprichosa en cuanto a la elección del firme, es decir no demasiado bacheado ya que se notan mucho las irregulares del asfalto. Siguiendo con la parte delantera, sus dobles frenos de disco se han quedado en uno, eso sí con un comportamiento ejemplar y más que suficiente, con dos clavaríamos en exceso e incluso de manera peligrosa, así que un acierto dejar un solitario disco, que se muestra muy eficaz. Su comportamiento se completa con un freno de disco trasero de doble pistón mordiendo un disco de 285 mm que también tiene un gran protagonismo en las frenadas, sobre todo por las formas y repartos de pesos del conjunto.
Sus 61 cv y 865cc para mover la montura Triumph no cambian respecto a la anterior versión y es que son más que suficientes para manejarla, a todo esto el ya más que probado sistema de inyección permite realizar unos consumos contenidos entorno a algo más de 6 litros.
Pero dejémonos de tanto número y cifra, al fin y al cabo lo que queréis escuchar es como va, pues a eso vamos. De lujo!!! Puede resumirlo todo pero por ir por partes, como ya dije no es su mejor entorno el urbano, por ello que mejor escenario que sierra madrileña y carreterita de montaña. Los neumáticos de serie van como añillo al dedo, no notas el más mínimo fallo y traga curvas como una campeona, como toda custom a ciertas velocidades el aire se convierte en nuestro incómodo compañero de viaje.

Viajando con niveles de comodidad elevados que te permitirán disfrutar cada golpe de gas.
El embrague actúa de manera eficaz, aunque sonoro – a mí me encanta ese marcado sonido en los cambios -, con buen empuje a la hora de adelantar y de reducir. Repito para solitarios, un colín precioso, pero no pensado para ir en compañía, aunque estéticamente reclama protagonismo en sus bonitas posaderas.
A diferencia que otros modelos custom de la marca, la posición de las estriberas no roza tan fácilmente, aunque a ritmo alegre no sea extraño llegar a hacerlo. Por lo demás sus bondades casan con ese toque de moto rebelde, en la que sin duda te sentirás como todo un Marlon Brando, dirigiendo tu pequeña horda de pandilleros.

Sin duda la montura inglesa no deja indiferente, gracias al marcado detalle que la casa británica siempre imprime en sus modelos.
La casa de Hinckley sabe sacar brillo a cualquier hierro y eso se deja ver y notar en un conjunto ágil y fiel al motero que busca una montura agradecida en sus paseos y obediente como el mejor caballo. Sí todo esto lo acompañas de ese característico aspecto de cromados combinados de manera elegante – que no es lo mismo que cantosa – el resultado es un producto que sabe combinar lo moderno con lo clásico, dispuesto a darte sólo alegrías y un buen número de momentos de diversión.
TIENEN IDEA LO QUE SIGNIFICA “PURA SANGRE”?
ME PARECE QUE EL EDITOR DE ESTA NOTA SE EQUIVOCO Y DEMASIADO… NO PODES CONFUNDIRTE A LAS PURA SANGRE CON LAS CHOPPER… NO CREEN?
Se refiere a la similitud entre esta moto y un caballo “pura sangre”, no se refiere a que sea una moto de tipo “pura sangre”.
Un icono bastardeado por el mercado.Imitan lo que no pueden crar..no sabia que Hinckley quedaba en Tahilandia. Para crear algo debieron ir al extremo de un mastodonte de 2300cc. Inyecciòn con forma de carburador todo una mentira. Lo ùnico
rescatable de esta etapa de Triumph con las
clàsicas de los 60.. lo demas engaños para
novatos en fin… pobre Triumph¡¡
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