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BMW Motorrad Days 2016: y el eco de los bóxer escaló la montaña

Un año más, la concentración de BMW se dio cita en su rincón, ya tradicional, de los Alpes BáVaros. Saltos de esquí en invierno, reunión de las motos con hélice en verano. Señoras y señores: ¡Esto es Garmisch!

  • 06/07/16
  • Tomás Pérez Sánchez
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El entorno encrespado, levantando auténticos colosos de granito alrededor de sus casas y de sus calles, haría pensar en esta villa de cuento como una población de notable altitud; sin embargo su elevación, por encima de los 700 metros sobre el mar, da cierto sentido a esa sensación de descenso que se percibe, sobre todo en su segunda mitad, recorriendo la hora mal contada que le separa de Munich.

Motos teutonas, con matrículas de cualquier rincón del continente, fluyen como un río discontinuo por las rutas de acceso y pululan en una especie de enjambre, ordenado con cuadrícula, por las calles de una ciudad rodeada por las praderas que, a buen seguro, sirvieron para ilustrar las cajas de aquellas pinturas “Alpino” que han teñido con su básicos colores la infancia de los que pasamos ya del medio siglo…, y también, seguro, de la de muchos que aún no lo han cumplido. Garmisch da la bienvenida con sus tejados en cuña y su iglesia de formas casi ortodoxas a los devotos de motor más atravesado de la historia del motociclismo, a los fieles seguidores de la marca bábara de la automoción por excelencia y, por supuesto, a todos los amantes de la moto, sea cual sea el universo de las dos ruedas sobre el que anidan su pasión.

En la parte más alta de la población, y un centenar de metros después de dejar atrás la última casa, encontramos la entrada al recinto de la concentración. Y antes incluso de cruzar su umbral, uno percibe el orden de diseño con el que BMW proyecta, organiza y ejecuta cualquier empresa que decide acometer; es decir: con la perfección no sólo como objetivo, sino como patrón que marque cada paso hasta llegar a él.

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Todo parece estar anticipado y previsto en Garmisch. Así es: desde que uno contempla la inmensa amplitud dispuesta para aparcar legiones enteras de motos, uno siente adentrarse en un extenso espacio regido al modo y manera que distribuye y presenta la exposición de un concesionario BMW. Todo parece haber caído en su sitio de una forma natural, a la primera, como ese cuadro que transmite a quien lo contempla la impresión de que se ha pintado en un día y del tirón, cuando en realidad ha sumergido al artista en un minucioso trabajo de semanas y semanas, tal vez meses enteros.

Y así, el visitante de la concentración que inicia su recorrido se puede encontrar bajo una de las carpas, por ejemplo, las BMW de carreras más representativas del panorama actual de la velocidad. Una selecta exposición encabezada por las máquinas del equipo Althea del Mundial de SBK, o la S 1000 RR con la que Ian Hutchinson subía al segundo escalón del pódium tras disputar el pasado TT Senior en la Isla de Man.

El paseante puede encontrar, igualmente, un rosario interminable de motos con motor bóxer en todas sus formas históricas, su versiones más variadas del motociclismo, también, incluso, con tres ruedas, y sus vestimentas más estrambóticas, dejando volar las fantasías, a veces más distorsionadas, de sus modistos. El culto al motor de pistones opuestos preside cada paso por el recinto, hasta llegar a una carpa, bajo la que una ambientación natural, cuidando con mimo el detalle, sitúa en su momento y en su hábitat a algunas de las motos más representativas de la historia del bóxer.

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Unidades exclusivas e irrepetibles, acotadas por el encordado que va guiando los pasos del visitante, de un extremo al otro, hasta llegar a una campeona que representó un antes y un después en la historia de la marca y también, sin duda, en la del rally más emblemático, duro y universal del motociclismo. Majestuosa y colosal, imponía su corpulencia sobre todas las demás: La BMW de Gaston Rahier. Gastonet, el gran piloto belga que, con su exigua estatura, se coronó como el rey del Dakar sobre la que tal vez haya sido “la Moto Gigante” de esta carrera.

Un espacio libre, abierto sobre la propia tierra, se extendía a un lado para albergar la exposición informal de creaciones Café racer, y similares, que curiosamente alcanzaban a otros motores, ahora retro, como son los K en sentido longitudinal. Se antoja particularmente complicado el trabajo de un constructor para dotar de personalidad a cualquier moto que lleve en su seno un corazón con un carisma tan marcado como el propio bóxer; aun así, valía la pena ver el ramillete de creaciones, con su perfilado estilo y su elegante imaginación, montadas sobre este motor, todo carácter e identidad, lo mismo, también, que sobre la extraña arquitectura del antiguo KI, con su aspecto de bloque monolítico.

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Junto a ese espacio abierto, y haciendo juego con el rancio sabor a retro que guarda el espíritu Café Racer, un motodrom construido en madera, a imagen y semejanza de los que se montaban en los años cuarenta, para hacer exhibiciones en círculo, apoyándose en una fuerza centrífuga que permite al motorista reírse de la gravedad. Del mismo modo, los visitantes de la concentración pudieron disfrutar viendo las evoluciones de los pilotos para retrotraerse fácilmente en el tiempo, sin apenas hacer uso de la imaginación, setenta u ochenta años atrás.

Continuando con el recorrido por el recinto, ordenado con sus calles y sus manzanas encontramos, prácticamente en el centro, un completísimo concesionario montado en una especie de hospitality gigante. En su planta baja, todos los modelos, divididos por segmentos del mercado, quedaban expuestos al visitante, en un escenario perfectamente ambientado, con sus focos y el fondo apropiado a cada especialidad. Y en la planta superior, toda la boutique que BMW pone a disposición del motorista.

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Junto al concesionario, una pista rectangular albergaba la exhibición de stunt con una novedosa variedad: Allí pudimos ver a los pilotos evolucionando sobre la esperada BMW G310R para hacer las delicias de los espectadores y anticipando, de la manera más evidente, las posibilidades del que será el modelo más pequeño de la marca en su historia reciente (siglo XXI).

En el paseo por el recinto se podía encontrar, bajo el blanco perfectamente uniformado que componen todas la carpas, una oferta de lo más variada para el motorista: desde una chaqueta de cuero hasta un escape, o desde un amortiguador hasta la posibilidad de hacer un alto, incluso, ¡para cortarse el pelo!

Y así llegamos a La Carpa. La Gran Carpa: toda una inmensidad bajo las lonas para dar de comer y de beber al viajero motorista llegado hasta el corazón de la Babiera alpina. Salchichas, queso, codillo y, por supuesto, cerveza, ríos de cerveza. Medida pequeña: Medio litro. Medida normal: 1 litro, sin miserias. Si es que estamos en la tierra de la bebida dorada. Por la noche, un escenario montado en el centro de la carpa sirve para que un conjunto musical, con infinitas posibilidades, anime a la concurrencia. Al principio con la alegre música montañesa, después con el rock más eléctrico y motero de todos los tiempos. La fiesta resulta tan multitudinaria como contagiosa, y termina con la mitad de la gente bailando sobre los robustos bancos de madera.

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A la mañana siguiente, paseando en moto por Garmisch, encontramos una pista un tanto particular montada sobre una avenida. Las balas de paja, a la antigua usanza, acotan los flancos de la calzada a lo largo de una distancia que por si misma resulta ya bastante significativa: Un octavo de milla. Efectivamente, un Bike Show para completar la gama de actividades en pro del espectáculo montadas para todos los visitantes de la fiesta anual BMW. Estas pruebas de aceleración, en las que el crono no es quien marca su protagonismo, se extienden cada vez más entre la población motera, con un éxito en alza que va llegando a cada rincón y también a cada concentración. La de Garmisch, por supuesto, no lo iba a ser menos.

El equipamiento de la mayoría de los participantes no es, precisamente, el más apropiado para una prueba de velocidad, y es que en un Bike Show, ganar tiene una importancia subsidiaria, porque lo realmente importante es la exhibición, de corte retro en la mayoría de los casos, tanto de motos como de pilotos con su indumentaria a juego. Cascos jet con gafas antiguas, de cristales, sobre la frente; chupas de cuero, chaquetas anacrónicas, abiertas incluso durante la prueba; motos de aspecto postnuclear, con unos vaqueros apretando sus depósitos; cúpulas redondas, cromo sobre el metal e incluso una cara de auténtica muñeca enmarcada por la silueta del casco abierto.

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Pero nuestra sorpresa estaba aún por llegar, y parecería agazaparse al final de las filas que formaban los participantes para ir pasando a competir en paralelo, de dos en dos. Un mono de rigurosa competición llama la atención entre tan variopinta indumentaria. El blanco y negro, alicatado de publicidad, me traslada de inmediato a un verdadero circuito de velocidad, a la competición del más alto nivel. Los logos y anagramas cosidos sobre la piel resultan inconfundibles: Se trata de alguien vestido con el mono del equipo Althea, oficial BMW en el WSBK, y me imagino que será algún piloto alemán puesto allí para dar una nota diferente al Bike Show. Sin embargo, al irle rodeando desde su espalda, su altura y casi diría que su pose en reposo, sentado a horcajadas sobre una boxer tuneada, me resulta sospechosamente familiar. Cuando por fin veo su cara, su sonrisa carismática y divertida de siempre me saludan bajo el casco. Efectivamente, se trata de Jordi Torres, allí, en persona y vestido de romano, mezclándose con aquella tribu de hipsters, de fikis creativos y de nostálgicos de lo ancestral.

Garmisch: Pasión por lo retro, lo mismo que por la tecnología más vanguardista; imaginación, fantasía y creatividad envueltas por el más puro estilo motociclista; compras, exhibiciones, fiesta y cerveza. Todo eso, e incluso a nuestro piloto más representativo en un mundial tan apreciado en Centro Europa como es el de Superbike lo puedes encontrar en *Garmisch*… Todo lo expuesto y además de ello, las rutas montañeras más espectaculares… Pero ésa es otra historia que, si me permite el lector, se la contamos en un capítulo aparte: Le aseguro que lo merece.

Galería de fotos
  • Se pueden ver toda clase de motos
  • Una manera de disfrutar BMW
  • El stunt también tiene su hueco
  • Las carreras de exibición atraen mucho público
  • Las equipaciones van en consonancia con el estilo
  • Se pueden ver todo tipo de motos
  • Un evento multisocial y multicultural, con espacio para todos
  • Jordi Torres estuvo en esta edición
  • Se pueden ver auténticas joyas en marcha
  • También hay hueco para los más recargados
  • Las motos actuales también tienen cabida
  • En el concesionario se pueden ver todos los accesorios
  • Puedes salir de allí con tu nueva BMW
  • Las BMW clásicas son espectaculares
  • Historia de BMW en la carpa-museo
  • La moto de Jordi Torres también estuvo allí
  • En la carpa también se puede comer
  • El concierto es uno de los momentos más
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