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Crivillé, Assen y un sábado de junio que cambiaron la historia

Se cumplen exactamente 25 años desde que la historia de nuestro motociclismo cambió para siempre. Aquel 27 de junio de 1992 supuso un antes y un después. La victoria de Álex Crivillé en el GP de Holanda era la primera de un español en la categoría reina, la única que hasta entonces se nos había resistido. Desde aquel momento nada volvió a ser como antes.

  • 27/06/17
  • David Robledo
  • Repsol Media
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Quizá los más jóvenes piensen que ver a un español en lo más alto del podio de MotoGP es algo habitual. No hay más que ver las estadísticas de los últimos 15 años para darse cuenta que los españoles son referencia en la categoría reina. Pero no siempre fue así, durante muchos años los españoles miraban con envidia a ingleses, estadounidenses y australianos y, en definitiva, a todos aquellos que dominaban la categoría de 500 c.c..

Desde que arrancó el Mundial de Motociclismo en 1949 hasta el primer título de un piloto español, Ángel Nieto, tuvieron que pasar dos décadas. Gracias al éxito de Nieto los españoles empezaban a sumar victorias de manera asidua, pero en las categorías “pequeñas”. En 250 el recordado Santiago Herrero sumó 4 victorias en 250, estuvo a punto de lograr el título en el ’69 y nos dejó después de aquel accidente en la Isla de Man. Tuvieron que pasar casi otros 20 años, hasta 1988 para ver a un español coronarse Campeón del Mundo de 250, la categoría intermedia. Además, entre medias, Víctor Palomo consiguió victorias en 750 e incluso ganó la Copa FIM de la especialidad antes de convertirse en Mundial.

ampliar fotoHasta Assen '92 las victorias habían llegado en categorías pequeñas. ©foto: Repsol Media

Pero 500 era otra cosa, era coto privado. Se necesitaban máquinas oficiales para poder ganar y la situación política en España, con la dictadura y las consecuencias aislacionistas de la misma, no permitía que nuestros pilotos accedieran a material extranjero. Era la época en la que conseguir una moto que no fuera fabricada en España era una aventura de contrabando y riesgo.

Afortunadamente llegó la democracia, la entrada en la OTAN, la Unión Europea y España volvió a abrirse al mundo. En esas estábamos cuando Joan Garriga y Sito Pons empezaron a flirtear con el medio litro. Dos de los pilotos con más talento de esa generación se subieron a las brutales 500 al inicio de la década para dar un paso atrás al 250, conseguir el título y volver a intentarlo en 500 a finales de los ’80 y principios de los ’90.

Sin embargo, las cosas no eran fáciles. Seguía siendo imprescindible tener moto oficial y no sólo eso, si no que los neumáticos no eran iguales para todos. Pero no que no fueran iguales para toda la parrilla, significaba que los propios fabricantes suministraban uno u otro neumático en función del piloto, los A para unos, B para otros, C… Aún así, Sito y Joan lograron dejarse ver. Por desgracia y diferentes motivos ni uno ni otro lo consiguieron, pero una vez Sito colgó el mono contó con un jovencito llamado Álex Crivillé para que pilotase “su” NSR 500.

“Crivi” contaba con un Mundial en 125, el que logró en 1989 en 125 con la mítica JJ-Cobas. Después saltó a 250 primero con Yamaha y luego volviendo a chasis Cobas y motor Honda, pero los resultados no llegaban. Precisamente el día que Sito estuvo a punto de perder la vida en Yugoslavia, Crivillé se vio involucrado en uno de los accidentes más recordados, el que acabó con la carrera de Reinhold Roth quien a día de hoy sigue sufriendo las graves consecuencias del mismo. Ese día, antes del accidente, Crivi estaba haciendo una de sus mejores carreras en 250 pero ese era su bagaje en el cuarto de litro. Aún así, Sito y Campsa apostaron por él.

En la primera carrera, Suzuka, las cosas no fueron bien y salió allí con cero puntos. En Australia, un pasito adelante y la séptima posición. Pero en la tercera ya hizo historia y apuntó dónde quería llegar. Malasia, circuito de Shah Alam, domingo 19 de abril. Doohan ganaba la carrera, con Wayne Rainey segundo y el “nen de Seva” en tercera posición. Nunca antes un español había subido al podio de 500 y Álex lo lograba en su tercera carrera en 500, la cosa pintaba bien…

ampliar fotoLa parrilla de 500 estaba llena de pirañas. ©foto: Repsol Media

Después de esa brillante actuación todos esperaban más de Álex, que volvió a luchar por el podio nada más y nada menos que con Wayne Gardner en Alemania. Sólo una carrera después llegó el sábado que cambió la historia para siempre. Assen, 27 de junio, dos de la tarde. El fin de semana había empezado con el grave accidente de Michael Doohan que casi le cuesta una pierna. Con Michael en el hospital y Rainey de baja era el momento de atacar. Como “enemigos” Kevin Schwantz, Eddie Lawson, Dough Chandler, Álex Barros, John Kocinski o Joan Garriga.

La carrera en el viejo Assen, el de verdad, arrancó precisamente con Schwantz y Lawson al frente, seguidos de sus compañeros de equipo Chandler y Barros. Después de tres vueltas, Chandler desapareció de escena y se quedan los tres al frente, escapados del grupo. Barros aguantaba como podía y detrás de él un mundo frente a Garriga que rodaba cuarto por delante de Álex. Pero las carreras son inesperadas y a 14 vueltas para el final, en el final de recta de entonces la Cagiva de Lawson toca a la Suzuki de Kevin y los dos se van al suelo de manera espectacular.

En ese momento el liderato de la carrera pasa a manos de Barros que no sabe mantener la distancia en solitario y es alcanzado por un Joan Garriga soberbio y un Crivillé que seguía al malogrado piloto catalán. Tres vueltas más tarde del accidente, el grupo era de tres y aún quedaba la mitad de la carrera. Por detrás de ellos llegaba un encendido Kocinski que no tardó tampoco en contactar con el trío de cabeza.

Con ocho para el final, el bueno de Garriga se va largo y sin salir de pista pierde contacto con los, por entonces, tres jovenzuelos. Lejos de rendirse, Joan vuelve a engancharse a ellos y la lucha por el podio vuelve a ser de cuatro.

En el último cuarto de carrera (las últimas cinco vueltas), los adelantamientos se suceden, la emoción está en todo lo alto y media España enganchada a la transmisión en directo que desde Assen llevaba a cabo TVE con Valentín Requena y Ángel Nieto en la cabina. Todos los aficionados españoles, independientemente de la edad, teníamos el corazón en un puño. Nunca antes uno de los nuestros había luchado por la victoria y aquel 27 de junio ¡¡¡teníamos a dos españoles luchando por ella!!!

ampliar fotoAquel día Garriga estuvo a punto de pisar el podio. ©foto: Repsol Media

Las tres últimas vueltas fueron un infierno, nunca acababan, hasta las vacas que pastaban dentro del recinto del circuito estaban al borde del infarto. Teníamos el 50% de posibilidades de que uno de los nuestros hiciera historia y entonces, mientras Barros le metía la moto a Crivillé, Joan empezaba a perder unos cuantos metros. La victoria estaba tan cerca y tan lejos a la vez que hasta volviendo a ver hoy la carrera, uno duda de cómo va a acabar.

Dos vueltas para el final, Crivillé se pone al frente y a pesar de ser un novato rueda como un maestro, rápido y tapando huecos. En esos 14 kilómetros Crivillé dejó claro que era capaz de irse y lo hizo. Cruzó meta en primera posición, le ganó la partida a Barros, Kocinski y un Garriga que también hizo posible aquella victoria al “llevar” a Crivi hasta Barros. Aquella tarde todo cambió, desde entonces los españoles supimos que se podía ganar en 500, los complejos se quedaron en el cajón. Aún así hubo que esperar hasta 1995 y el GP de España en Jerez para ver una segunda victoria, la consiguió Alberto Puig. Aún así, no se consiguió el primer título de la categoría reina hasta 1999, lo logró el propio Crivillé y es el único de los españoles en 500.

Luego llegó la era MotoGP, los cuatro tiempos, máquinas que aunque espectacularmente veloces no quieren mandarte a la luna en cada aceleración ni tienen casi 200 cv para poco más de 120 kilos. Ahora España es una potencia en MotoGP, pero ese camino se empezó a construir hace exactamente 25 años cuando un “españolito” demostró al mundo que también éramos capaces de ser rápido con aquellas infernales bestias de 2 tiempos.

Por cierto, si queréis volver a vivir lo que os hemos contado, aquí encontraréis la carrera íntegra.

Galería de fotos
  • El GP de Holanda de 1992 marcó un antes y un después
  • Crivillé con Pons en lo alto del podio de Assen
  • Garriga luchó con Crivillé en Assen
  • En su tercer GP, Crivillé ya había subido al podio
  • Después del éxito de Assen, Crivi no volvió a ganar hasta 1996
  • La parrilla de 500 estaba llena de
  • Antes de Assen '92, la gloria sólo llegaba de categorías
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