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Proyecto 24 HorEs-40 AñOs (III): Coger Ritmo

por Tomás Pérez Sánchez

De cómo se puede alcanzar un ritmo digno para las 24 Horas de Montmeló, partiendo del que apenas alcanza un modesto probador de motos y monitor de cursos de conducción segura. Un primer reportaje de un total de dos, en el que Ismael Bonilla dicta el método a seguir y la mentalidad maratoniana añade su aporte psicológico.

  • 18/05/17
  • Tomás Pérez Sánchez
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La lección del maestro

Para lo que representaba mi máxima preocupación, el nivel de mi ritmo, me puse al habla con Ismael Bonilla, personaje popular donde los haya entre los amantes de la velocidad de la Zona Centro, y los que no lo son tanto, Campeón de España y ex piloto del extinto Mundial de 250cc. Ni más ni menos que una de esas personas que no dejan otra alternativa que jactarse de su amistad; y, desde luego, Isma tuvo clara la respuesta en cuanto le pedí ayuda exponiéndole cuál era mi problemática.

Mira: Haz varias tandas siguiendo este proceso:

1º.- Rueda diez minutos centrado sólo en conseguir una frenada fuerte, cada vuelta más fuerte. Céntrate sólo y exclusivamente en eso.

Lo anoté mentalmente, lo mismo que cuando pasaba a limpio mis apuntes tomados en clase a volapié.

2º.- En la siguiente tanda, céntrate en hacer un buen paso por curva, cada vez más regular, cogiendo bien la posición y dejando correr la moto.

3º.- En ésta, céntrate sólo en abrir gas cuanto antes, cada vez más pronto, lo más pronto posible.

4º.- En esta última, el ejercicio se fija en los cambios de dirección, en hacerlos cada vez más sueltos, más ágiles, y por supuesto más rápidos.

Este ciclo puedes repetirlo varias veces.

Luego, al terminar ese primer grupo de cuatro tandas, puedes hacer una quinta buscando el ritmo propiamente dicho, haciendo primero cinco vueltas tranquilo, con un margen en el que ruedes sobrado. Después vas cerrando ese margen, cada vez más, así durante el final de esa tanda y otras cuatro o cinco más.

Es muy importante parar entre cada tanda para descansar y recuperar fuerzas.
Así se pueden hacer varias series de 4 o 5 tandas, cada vez más rápido, y al final, ir mirando el tiempo por vuelta.

Un Entrenamiento a escala: RAV Naked Moto3

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Opté por tomar una moto a escala, es decir: lo que un kart de competición es a un Fórmula 1, una RAV Naked Moto3 puede serlo a una Super Bike, en un circuito también a escala, como es el de FK-1, sito en Villaverde de Medina, provincia de Valladolid. Gracias a mi amigo Nono y a su inagotable generosidad, pude disponer durante algunas semanas de una unidad completamente de serie de esta fantástica moto de entrenamiento. El resultado del trabajo ha sido sencillamente óptimo a todos los niveles, después de seguir al pie de la letra las valiosas instrucciones que Isma Bonilla me había dictado por teléfono.

Al circuito

Desde luego, hice la primera salida a pista con una moto que ya conocía, a la que me había adaptado meses atrás, incluso participando en una carrera de su entrañable campeonato; y una moto que también había probado allí mismo, en FK-1, por lo que el rodaje sobre la RAV ya estaba hecho sobradamente. Aun así, me costó acoplar los músculos, sobre todo los de las piernas, sufriendo los dolores iniciales y acostumbrados, que me llegan por mi cabezonería de siempre: la de no calentar adecuadamente.

Busqué mi sitio en la pista y traté de encontrar un ritmo con la suficiente exigencia, dejando todas las instrucciones de Isma para la siguiente tanda. Fueron 20 minutos que se alargaron y se alargaron mucho en mi ánimo, por lo que el presagio que pintaron resultaba de lo menos halagüeño.

Dejé pasar algo menos de media hora, y decidí entrar nuevamente a la pista sin marcarme el tiempo que estaría rodando, para no presionarme, y me dejaría llevar durante el número de vueltas que me fueran permitiendo las sensaciones que experimentase mientras el crono fuese corriendo.

Y así empecé por cambiar mi mentalidad de motorista urbano para tratar de adoptar la del piloto, prescindiendo de tics como el de mantener dos dedos fijos sobre la maneta y hacer el paso por la curva con toda la mano cogida sobre el puño del gas, o también el de agarrarme fuertemente con las piernas al depósito en las frenadas más exigentes, lo que me llevó a entrar en la primera fase de las instrucciones de Isma. Así se pasó la primera media hora, casi sin enterarme. Después, centrado en el paso por curva y luego en abrir gas pronto, rebasé los cuarenta minutos con creces. Me sentía fuerte, muy entero; y fue entonces cuando me planteé hacer lo que equivaldría a un relevo completo de las 24 Horas, es decir: 55 minutos, mientras perfeccionaba los cambios de dirección. De esa manera lo completé, sintiéndome con las fuerzas bastante robustas, y con la moral diez peldaños por encima de donde había empezado la mañana.

Dejé pasar casi dos horas, con siesta incluida, hasta que volví a salir a la pista. En esta tercera tanda, para arrancar con la pretensión de hacer otro relevo completo de 24 Horas, sintiendo, tal y como me encontraba, con el cuerpo y el ánimo pletóricos de energía.

El fiasco

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Pero antes de pasar a esa tercera tanda, permítame el lector que aproveche ese momento un tanto irreal de la siesta para adelantarme en el tiempo hasta la siguiente semana, y plantarme en la segunda jornada del entreno con la RAV.

Sí, ese segundo día había terminado un primer relevo completo de 55 minutos y me disponía a hacer un segundo, tal vez más largo. Pero cuando llevaban transcurridos unos 20 minutos, el neumático delantero sacudió un trallazo de derechas justo en el momento de máxima inclinación. Sin embargo, el grado de concentración me permitió una reacción casi instantánea y logré sujetar la moto. Digamos que mitad suerte y mitad, también, por estar muy atento.

Siete, tal vez ocho minutos más tarde, la rueda delantera volvió a deslizar, esta vez por la izquierda y con una barrida del suelo muy seria que logré salvar mitad tirando de la moto y mitad levantándola con la rodilla. A partir de ese momento, me negué a que el temor a caerme condicionara el ritmo de cada vuelta y el paso por cada curva, por lo que adapté el cuerpo tirando un poco más el tronco al interior y levantando la moto justo al paso por el ápice de cada viraje.

El caso es que me fui animando otra vez, hasta olvidarme de los dos zarpazos que había dado el tren delantero. Así es que, poco después de rebasar los 30 minutos seguidos rodando, el neumático delantero se escapó definitivamente dando con mis huesos por el suelo, rodando por el asfalto igual que un viejo y testarudo jabalí.
Me levanté enrabietado, como si fuera un junior de Moto3, (¡Hay que ver lo que hace la adrenalina, Dios mío!), y viendo que la RAV no registraba daños funcionales (es otra de sus proverbiales virtudes), la arranqué para dar aún dos vueltas más. Pronto desistiría porque lo único que iba a conseguir, pretendiendo mantener el ritmo, era volverme a caer. Recogí todo y me marché a casa.

Y es que mi mentalidad de probador de motos, tratando de adaptarme a cualquier modelo, casi en cualquier condición del asfalto, me llevó demasiado lejos en este caso. Así me lo confirmarían después los técnicos de la marca, cuando casi regañaron por llevar la horquilla de mi amigo Nono totalmente desajustada, descompensada; aunque el neumático estuviera ya bastante castigado.

Último relevo

Bien, una vez descrita la metedura de pata, retrocedamos al segundo día y a la tanda que sería récord RAV para quien firma este reportaje.

Sí, finalmente salí a pista pletórico, tal y como comentaba, y pronto devoré la primera media hora de ese relevo, con concentración, sujetando con los brazos el nerviosismo que provocan las exiguas dimensiones de esta RAV Naked Moto3, empleando los tíceps a modo de amortiguador de dirección.

Pasando los tres cuartos de hora, me di cuenta de que ya había interiorizado totalmente el paso por curva con la mano completamente agarrada al puño del gas, y no hablemos ya del cambio invertido de carreras, o de intentar guiar la moto a lo largo del viraje empujando el depósito con la rodilla exterior, a pesar de las cotas tan pequeñas que marca esta RAV 250.

La crisis

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Todo iba fino y sincronizado, mis músculos y mi cabeza rodaban como el motor diésel en medio de una gran travesía, cuando me acercaba a cubrir ese relevo de 55 minutos viéndome con recursos sobrados para sobrepasarlo. Pero cuando todo pintaba en verde para batir un récord personal y marcharme a casa exultante de satisfacción, un calambre (una “rampa”, como dicen en Cataluña y Levante) apareció en mi gemelo izquierdo sobre unas fibras de cuya existencia no había tenido noticia hasta aquel momento, en mis 58, casi 59, veranos, por muchas burradas que hubiera hecho a lo largo de ellos.

La parada en boxes, con 53 minutos de entreno transcurridos, más que razonable, resultaba obligada; sin embargo decidí aplicar la mentalidad maratoniana que en otro tiempo me llevó a correr por nueve veces esos 42 km y 195 metros de la leyenda griega. Una mentalidad férrea para no rendirse a la presión de los pensamientos negativos, una mentalidad que te lleva a buscar recursos improvisados para aplicarlos sobre la marcha.

Bien, pues empecé por desencajar del estribo el pie de la pierna agarrotada y hacer un esfuerzo sobre el dolor del calambre para por fin estirarla al frente, a lo largo de toda la recta de meta. Una pierna, la de un sujeto de 1,91 m, descomunal para la RAV, que debía de mantener en vilo para no clavar el tacón en el asfalto a la máxima velocidad. Al llegar a la frenada, volví a colocar el pie sobre su estribo, pero con la pierna en un ángulo levemente diferente al que había llevado a lo largo de la jornada, eludiendo el amago de un nuevo calambre.

Funcionó. Sentí un alivio inicial e hice un esfuerzo para mantener toda la pierna exactamente en esa posición, bajo la amenaza de un nuevo agarrotamiento que amagaba sobre esas fibras musculares desconocidas hasta aquel día. En la contra recta y rectas siguientes, me metí como pude los dedos en el gemelo (por suerte tenía libre la mano izquierda) y así, cuando me acercaba a completar una hora rodando, podía volver a colocar y mover la pierna a mi antojo, con el dolor completamente desaparecido y habiendo bajado el ritmo apenas dos o tres segundos por vuelta. Así pude comprobar cómo también en el endurance, como en el Maratón, podría crear un plan de contingencia para sobreponerme a las crisis aparecidas en pleno relevo.

El récord

Finalmente completé ese día ¡nada menos que 80 minutos seguidos en pista! Una hora y veinte sobre un trazado mucho más trabajoso que el de Montmeló y conduciendo una moto mucho más incómoda que la BMW S1000RR Motocrom con la que participaré en las 24 Horas.

Comentaré al lector que aún volví una tercera jornada con la RAV Naked Moto3. Sí, en ella completé ¡un total de tres relevos de 55 minutos repartidos en tan sólo cinco horas. ¡Tres relevos, la mitad, de las 24 Horas! Pero…

Conclusión: No nos engañemos

Efectivamente, amigo lector, aquel tercer día volví a casa más eurófico que en ninguno de los tres vividos con la RAV 250. Sin embargo, no me dejé engañar por las circunstancias, porque, ya sé que, al igual que quien hace 20 km y 97 m corriendo, creyendo ilusamente que ha completado medio maratón, cuando en realidad apenas si ha cubierto un cuarto, un servidor, con esa hora y veinte y con esos tres relevos en cinco horas sobre la RAV en FK-1, tan sólo se estaba asomando al objetivo de su aventura para ver si conseguía divisar, siquiera de lejos, el ecuador de las 24 Horas de Montmeló.

Así es que, no nos precipitemos y vayamos poco a poco. Ahora, a por el siguiente paso intermedio.

Continuará.

Agradecimientos:

  • A mi amigo Nono por su generosidad, prestándome su RAV Naked Moto3 para este duro entrenamiento.
  • Circuito FK-1
  • Pakelo Lubricantes
Galería de fotos

, 18/05/17

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Opinión de Tomás Pérez Sánchez

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