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28-08-2017
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Cuando llevas más de nueve horas de carrera y los rescoldos del crepúsculo empiezan a cubrir de rojo el Oeste, no te puedes creer que aquello vaya a continuar. Un ritmo de locos, con un concierto permanente de aullidos devorando la recta, con una actividad que se percibe más febril aun cuando los focos iluminan el pit lane y con un frenesí concentrado que rige el latido de más de mil corazones, disponiéndose a vivir la vigilia más exigente y vertiginosa de su vida.

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