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Fotos:
BMW/J.Olivares
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La BMW S 1000 R se actualiza bajo la estela creada por su homóloga con doble “R” estrenada un par de temporadas atras. La versión naked es también completamente nueva y destaca la drástica reducción de peso que facilitan su conducción y eficacia deportiva. En definitiva, para lo que fue creada esta Streetfighter alemana hace ya siete años.

Lo mejor
Facilidad de conducción
Eficacia deportiva
Polivalencia
Agilidad
Mejoraríamos
Asistente del cambio opcional
Manejo panel de instrumentos
Arranque Confort
Valoración final

Aquella divertida, pero más agria generación 2017-2020, ha dado paso ahora a todo un lobo pero con piel, más que de cordero, me atrevería a decir que de terciopelo. Sobre todo hace mejor piloto a su usuario por la facilidad que ahora permite su pilotaje. Eso sí, a la inmediatez de reacciones hay que acostumbrarse, no resultando un defecto sino toda una particularidad en la alemana.

El panel TFT de instrumentos ya visto en otros modelos de BMW destaca por la cantidad de información disponible, la conectividad que permite la gestión de llamadas, música y sencillo GPS, y los dos formatos de diseño posibles de la información (estándar y deportivo). Aunque sigue sin gustarnos que haya que completar la secuencia de información del contador total, parcial, autonomía, consumo, etc. en lugar de poder avanzar o retroceder sobre ellas.

La ingente cantidad de extras disponibles, donde no faltan, desde mejoras técnicas hasta maletas adaptadas para ella, permite personalizarla al gusto particular de cada uno hasta unos niveles insospechados pero a costa de incrementar considerablemente su factura final. Lo cierto es que su precio de partida apenas ha aumentado 620 € con respecto al modelo precedente y bien los merece por todas las mejoras aportadas. El precio base se sitúa en 16.370 €.