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14-10-2017
Fotos:
T. Pérez
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Sin abandonar nuestro formato de Rutas Top, planteamos a nuestros lectores una ruta diferente para este esquinazo de la Península, dadas las particulares características de su perfil. Y la hemos querido basar en un tridente con tres extremos, a cual más carismático y espectacular, con el apoyo logístico, al otro lado, de tres hoteles, a cual más coqueto, confortable y genuino.

Tramos

La niebla celta deja sus girones más espesos agarrados al asfalto como si fuera las aguas de un pantano sulfuroso. Y en medio de esa espesura, el navegador se muestra como un lazarillo de valor providencial. No tiene precio ir sabiendo cómo es el trazado de lo que se te viene encima, cuando la vista alcanza apenas una decena de metros por delante de ti.

Así se siente desde la moto, casi de forma habitual, el tránsito por las carreteras gallegas. Y tomaremos como muestra el arranque desde uno de nuestros rincones recomendados para el descanso.

Partiendo desde del hotel Perfeuto María, transitamos por la DP-5604, un delicioso vaivén que surca un mar de eucaliptos, con unos peraltes proporcionados y un firme magnífico. El agarre es excelente en seco (7), pero, en general, tanto este pavimento, como el de todos los tramos de enlace que vamos a mencionar sin describirlos, están diseñados más bien para resistir la erosión del agua, dejando el capítulo del agarre sobre mojado en el plano inmediatamente siguiente. Como en otras partes del recorrido, veremos a nuestra izquierda durante apenas un hectómetro el paso de algunos peregrinos, con un paso impulsado por la ilusión de sentir la cercanía de su meta. En estas carreteras, siempre hay que andar atento porque las sombras esconden con mucha frecuencia a “las meigas más húmedas”. A diez kilómetros, encontraremos a la izquierda la A-411, un cambio de rumbo que nos enfila directamente hacia la conocida como “Costa da Morte”, una marcha hacia el océano, que aunque no veamos, se siente su presencia de cara, envolviéndonos el cuerpo para prepararnos al encuentro con sus infinita inmensidad.

Hacia el mar más bravo

Panorama a un lado de Finisterre

Tramo 1: Casa Bandarzi-Corme

Distancia: 95 km
Trazado: Mixto y divertido
Firme: Ligeramente arrugado
Agarre: 7 en seco / 4 en mojado, comprobado.

precaucion pavimento deslizante

Partiremos desde Casa Bandariz, otro de nuestros hoteles recomendados, hacia Arzúa, y allí giraremos a la izquierda para tomar la N-634 y muy pocos kilómetros después, la AC-3802, una carretera de calzada amplia, sin arcenes y con guardarraíles soportados sobre postes con sección de hache. Ojo en mojado. Si está bien mojado, el agarre será de 6 o incluso 6,5, pero si lleva tiempo sin llover, la resina de los árboles puede formar un jabón peligrosísimo con las primeras gotas, por lo que será interesante, cuando llueve ligeramente, deslizar con suavidad la bota en marcha para tantear y comprobar sobre qué clase de agarre estamos circulando.| Viajaremos durante kilómetros atravesando la espesura que forman los bosques de eucaliptos. Así, hasta que el panorama se extienda, y la carretera se vaya poblando en sus márgenes mientras que el tráfico va creciendo. Así llegaremos a Corme, un auténtico pueblo costero y pescador, muy gallego, del que arranca una breve carretera, digna de las mejores escenas proyectadas en la gran pantalla.

Tramo 2: Acceso al primer Cabo

Distancia: 2,5 km
Trazado: Revirado
Firme: Excelente, con peraltes
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

Cruzamos Corme y, al llegar al puerto, encontraremos el arranque de la breve carretera que nos lleva hasta el Cabo del Roncudo, con un cartel que nos anuncia el camino y una frase que a más de uno le resultará ciertamente pretenciosa; sin embargo, cuando vaya descubriendo lo que deja en su margen izquierdo y sobre todo lo que guarda al final, comprenderá que no es así, en absoluto, a pocos conocimientos que tenga sobre la pesca del marisco más preciado.

Unos bancos de piedra, algunos de ellos con mesas accesorias, a modo de merendero o de improvisado pupitre para el poeta, se asientan para mirar al infinito del océano, sobre la aspereza de unas praderas silvestres, que se van extendiendo en el margen de la calzada.

El Cabo del Roncudo

Bajo el faro del cabo Roncudo

El rumor marino que sirve de fondo a los sonidos que se oyen en cualquier playa, aquí se torna en un estruendo continuo, como la percusión acuática más grave que uno pueda escuchar, y sintiendo más de un sobresalto repentino, provocado por la rotunda ruptura de esa ola más grande que llega intercalada cíclicamente en cada docena de sus compañeras. La atención queda atrapada por el embrujo de ese vaivén, permanente y desigual, que mece las aguas con una manta de espuma que se extiende y se repliega de continuo para cubrir las aguas ibéricas más revueltas, y que nos deja embelesados, abducidos de la misma forma en que lo hace el sinuoso baile de las llamas dentro de una chimenea.

El olor salitre y la fragancia del yodo llenan la atmósfera con una intensidad que grabará su impronta en nuestra memoria. Y la luz de un día absolutamente espléndido, como el que tuvimos el privilegio de vivir allí, crea en la lejanía un resplandor genuino sobre la bruma permanente que nos presenta el panorama en una postal que parece escapar de nuestra realidad.

El Cabo del Roncudo se presenta como una auténtica invitación a la contemplación que retiene el tiempo hasta detenerlo. Merece la pena hacer un alto en el camino, llegado a este punto en el que el Atlántico muestra su bravura más salvaje. Uno de esos escenarios en los que se respira la trascendencia hasta el punto de llevarte a hacer un alto en la vida para volver la mirada atrás, hacia la senda que nunca se volverá a pisar, y luego hacia adelante, hacia la que, quién sabe, si aún nos queda por andar.

Tramo 3: Enlace Roncudo-Touriñán

Distancia: 68 kilómetros
Trazado: Recto y rápido
Firme: Excelente
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

El camino más rápido se hace a través de la AC-432, una carretera como las que vamos describiendo desde la introducción de este reportaje, un tramo que nos servirá de mero enlace, atravesando varias poblaciones dentro de un goteo de viviendas interrumpido irregularmente por breves espacios deshabitados. Después tomaremos a la derecha la AC-440, para ver cómo nuestro paso se siente algo más solitario; y por último, nos desviamos a la derecha, por una carretera estrecha, con el perfil combado, en la que apenas caben dos coches, que discurre flanqueada por una continua formación de helechos, con el tono del ladrillo en otoño, y el verde más espléndido en la primavera, mientras que nuevamente pasamos bajo el espeso palio de los eucaliptos, que a veces trenza unas umbrías tan densas que ensombrecen en nublado el día más brillante.

El Faro Touriñán

Faro Touriñán con Ducati

Al virar en una curva, de repente, el océano vuelve a mostrarnos su grandioso espectáculo, invadiéndonos con su atmósfera yodada mientras el azul más intenso contrasta con el blanco espumoso que remata el borde del litoral.

La carretera se estrecha aun más hasta atravesar un plano de una hierba tosca que recuerda a cualquier paisaje de la costa escocesa, o a los recortes que labra el Atlántico sobre el litoral irlandés.

Al final del camino, el Faro de Touriñán, mucho más aparente, cuidado y coqueto que el que preside el *Cabo del Roncudo, con una edificación anexa que debió de cobijar vaya usted a saber cuántos turnos de guardia, y cuántas vigilias, vividos por los antiguos salvaguardas de la costa antes de que la navegación digital controla al milímetro el rumbo de los marinos.

Al situarnos apoyados junto a la barandilla que rodea el pie del faro, el mar nos impacta con toda su plenitud, mientras nos situamos como si penetrásemos en él sobre la proa de un gran buque, como si fuéramos a atravesar la inmensidad del panorama que se extiende ante nosotros, invitándonos a navegar hacia puertos remotos de Terranova, de Groenlandia, ¡o quién sabe!, de cualquier confín del Atlántico.

Tramo 4: Touriñán-Finisterre

Distancia: 26 kilómetros
Trazado: Recto y rápido
Firme: Excelente
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

Un enlace breve y rápido, con las mismas características que los tramos anteriores, con más tráfico, si cabe, y que termina cuando nos desviamos a la derecha, para tomar una mini autovía que nos deja en la población de Finisterre. Un núcleo urbano de población considerable que tendremos que cruzar por completo para tomar la carretera AC-445, la carretera que finalmente nos llevará al faro y, también, que nos brindará la oportunidad de empezar a disfrutar, mirando a nuestra izquierda, del espectáculo que nos brinda el entrante del mar, con un espacio en la derecha cuajado de pinos.

Cabo de Fisterra, o Finisterre

Llegando a Finisterre

Cuando uno se asoma a este tercer extremo español, no le resulta extraño, en absoluto, que en el Mundo Antiguo fuera considerado el final de la Tierra conocida hasta entonces.

Al llegar al aparcamiento frente a la cruz que mira al infinito, será difícil evitar llevarnos una pequeña decepción, al encontrar un lugar tan remoto plagado tanto de guiris como de nacionales, que se retratan y autorretratan con los mismo gestos que si hubieran alcanzado el Polo Sur.

Tramo 5: Faro de Finisterre-Muros

Distancia: 77 kilómetros
Trazado: Sinuoso con buenos peraltes
Firme: Excelente. Guardarraíles protegidos
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

Al volver por esa misma AC-445, encontraremos en el km 9, antes de llegar de nuevo a la población de Finisterre, un espléndido mirador.

Resaltar que para recorrer este tramo de tan sólo 77 kilómetros, verdadera ruta motorista, tal como hemos adelantado en la introducción, Google Maps nos da un tiempo de algo más de dos horas. Con este dato, el lector podrá hacerse una idea del constante serpenteo por el que nos lleva la AC-550.

En el kilómetro 6, la perspectiva que percibimos tras el manillar crea un espejismo en el que vemos un viraje a izquierdas elevando su peralte sobre las aguas del océano, como si tuviéramos delante una vista aérea, justo antes de alcanzar otro espectacular mirador.

Un poco más adelante, un cerro eleva majestuosamente sus rocas calizas sobre el remanso que dibuja la línea de la costa para formar la coqueta playa de Ezaro, con su paseo iluminado, tan breve como delicioso; para que después, la carretera pase junto a las aguas que bañan las rocas, tan cerca, que casi puedes tocarlas, cuando vemos pasar por nuestra derecha los barquitos atracados en el puerto.

Lo cierto es que la carretera es un auténtico lujo para el motorista viajero y con ella nos llega, por primera vez en toda esta ruta, una verdadera sensación de costear. La conducción puede resultar muy divertida, desde luego; pero, si la interpretamos de ese modo, no nos dejará margen para recrearnos en ella porque esta carretera se ve híper poblada. Así continuaremos hasta Muros, población pesquera, con algún rincón en el que se acomodan placenteras terrazas para pintarlo, también, como un lugar que se ofrece al ocio, al descanso y al recreo.

Tramo 6: Muros-Mirador sobre Muros

Distancia: 8 kilómetros
Trazado: Sinuoso con buenos peraltes
Firme: Excelente. Guardarraíles Desprotegidos
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

En este punto, sugerimos al lector que haga una salida más de ida y vuelta, la cuarta en este caso, del mismo modo que hemos hecho al alcanzar los cabos anteriores. Aquí se hará para virar hacia tierra adentro y alcanzar un plano elevado ciertamente sorprendente, en el que el mar no dejará de tener su particular protagonismo.

Tomaremos a la izquierda la AC-400, e iniciaremos una ascensión entre pinos, con un trazado que representará toda una tentación para los más quemados, que, ojo, deberán retener sus ímpetus más aun que en cualquier otra carretera cuando encuentren la intimidación de unos guardarraíles sin protección sobre el mismo borde del carril derecho.

Al coronar la última rampa, un enjambre de gigantes eólicos nos dará la bienvenida a un paraje que en cierto modo se antoja como un montaje panorámico de la ciencia ficción. Y en medio del pequeño altiplano, nuestro premio a esta escapada con 8 km de ida y vuelta.

Mirador sobre Muros

Hemos querido llamar así, aunque ni siquiera tenga nombre, a esta postal en la que la Mano del hombre da su pincelada en forma de blancas hélices, que con su particular zumbido eléctrico, ponen ese punto futurista sobre el propio soplido de la brisa marina, que envuelve una perspectiva irrepetible, en la que toman protagonismo un cerro empedrado en el frente, los pinos alfombrando todas las ondulaciones que nos rodean y allá abajo, en el fondo, la presencia del océano, no queriendo ser menos y resultando quizá el que más, al ofrecernos una silueta de la costa que recuerda a escala, ciertamente achatada y desde luego desierta, la donostiarra bahía de La Concha. Una forma curva junto a la que pasamos unos cuantos kilómetros atrás, antes de llegar a Muros, pero que la perspectiva tan cercana que ofrecía aquella carretera, la A-550, no nos permitía apreciarla en todo su esplendor, tal y como lo hacemos desde la explanada elevada, en la que nos hemos detenido junto a la carretera.

Padrón

Bajamos de nuevo a Muros y seguimos nuestra ruta, tomando la AC-554, una carretera sin demasiada enjundia, al estilo de las que hemos utilizado de trámite, como enlace entre los tres cabos, hasta que alcancemos una localidad tan emblemática como Padrón, la que vio nacer a Rosalía de Castro, y famosa también, ¡cómo olvidarlo!, por sus pimientos escabinados, unos sí y otros no.

Las casas y las piedras de esta localidad dan a sus calles un aire melancólico, que resulta casi imposible de eludir a la mirada, y que sin duda inspiró a la poetisa gallega más universal; una morriña que casi se palpa y que muestra a este rincón como uno de los que guarda en sus pasajes y travesías la esencia gallega más concentrada tal vez de toda la ruta…, y la de las meigas también.

Las fachadas lóbregas, los chopos sobre el amplio paseo junto al río, sus bancos decimonónicos, y los pilares navales del puente de piedra rezuman melancolía e incluso parecen llorar en un atardecer soleado, como el que nos tocó vivir para contemplarlos. ¡Qué serán en un día plomizo y apagado!

Y desde Padrón, a escasos 20 kilómetros, nuestro destino final de esta ruta, junto a Caldas de Rei.

Material utilizado en la prueba

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