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Ruta de la Costa Da Morte: camino del fin del mundo

Sin abandonar nuestro formato de Rutas Top, planteamos a nuestros lectores una ruta diferente para este esquinazo de la Península, dadas las particulares características de su perfil. Y la hemos querido basar en un tridente con tres extremos, a cual más carismático y espectacular, con el apoyo logístico, al otro lado, de tres hoteles, a cual más coqueto, confortable y genuino.

  • 14/10/17
  • Tomás Pérez Sánchez
  • T. Pérez
Oleaje en el cabo Roncudo

El Cabo del Roncudo, con las aguas más bravas y espumosas, además del percebe más cotizado; el Faro de Touriñán o lo que es lo mismo: el punto más occidental de la España Peninsular y, por último, el Cabo de Finisterre, el extremo final del Mundo Antiguo. Ésas serán las tres puntas del tridente geográfico que proponemos.

Como decíamos, esta ruta se plantea de forma diferente porque esa intención natural de costear, que impulsa al viajero explorador, se hace prácticamente imposible, y las carreteras que unen los tres vértices del recorrido que presentamos apenas si guardan atractivo, tanto para conducción de una moto como para el propio turismo en general. Se trata de carreteras con un tráfico permanente, incluso cualquier mañana laborable, fuera de agosto, que terminan por convertirlas en meros tramos de enlace. Si a esto le añadimos que unas carreteras con estas características se prestan como ningunas para el asentamiento de radares móviles en los enclaves más comprometidos, en los que resulta mucho más fácil despistarnos con el gas, quedaremos en nombrar los puntos de partida hacia cada cabo del tridente, excepto al final del viaje, después de Finisterre, que como veremos, sí que toma cuerpo y forma de verdadera ruta motorista.

Pero antes de arrancar con esta carismática ruta, que contiene la belleza más salvaje del océano en su encuentro con la tierra, señalaremos dos puntos de repostaje tan interesantes como oportunos. Uno, en la gasolinera Shell enclavada en el kilómetro 186 de la A-6, que servirá de aproximación tanto desde la zona sur de la península, como desde Levante y por supuesto partiendo desde el propio Madrid. El otro punto, sito en el interior de Galicia, viene perfecto para repostar en el enlace que une el cabo del Roncudo con el Faro Touriñán: Hablamos de la gasolinera Shell enclavada en la localidad de Cerceda, situada en el km 20 de la AC-400.

La niebla celta deja sus girones más espesos agarrados al asfalto como si fuera las aguas de un pantano sulfuroso. Y en medio de esa espesura, el navegador se muestra como un lazarillo de valor providencial. No tiene precio ir sabiendo cómo es el trazado de lo que se te viene encima, cuando la vista alcanza apenas una decena de metros por delante de ti.

Así se siente desde la moto, casi de forma habitual, el tránsito por las carreteras gallegas. Y tomaremos como muestra el arranque desde uno de nuestros rincones recomendados para el descanso.

Partiendo desde del hotel Perfeuto María, transitamos por la DP-5604, un delicioso vaivén que surca un mar de eucaliptos, con unos peraltes proporcionados y un firme magnífico. El agarre es excelente en seco (7), pero, en general, tanto este pavimento, como el de todos los tramos de enlace que vamos a mencionar sin describirlos, están diseñados más bien para resistir la erosión del agua, dejando el capítulo del agarre sobre mojado en el plano inmediatamente siguiente. Como en otras partes del recorrido, veremos a nuestra izquierda durante apenas un hectómetro el paso de algunos peregrinos, con un paso impulsado por la ilusión de sentir la cercanía de su meta. En estas carreteras, siempre hay que andar atento porque las sombras esconden con mucha frecuencia a “las meigas más húmedas”. A diez kilómetros, encontraremos a la izquierda la A-411, un cambio de rumbo que nos enfila directamente hacia la conocida como “Costa da Morte”, una marcha hacia el océano, que aunque no veamos, se siente su presencia de cara, envolviéndonos el cuerpo para prepararnos al encuentro con sus infinita inmensidad.

Hacia el mar más bravo

Panorama a un lado de Finisterre

Tramo 1: Casa Bandarzi-Corme

Distancia: 95 km
Trazado: Mixto y divertido
Firme: Ligeramente arrugado
Agarre: 7 en seco / 4 en mojado, comprobado.

Partiremos desde Casa Bandariz, otro de nuestros hoteles recomendados, hacia Arzúa, y allí giraremos a la izquierda para tomar la N-634 y muy pocos kilómetros después, la AC-3802, una carretera de calzada amplia, sin arcenes y con guardarraíles soportados sobre postes con sección de hache. Ojo en mojado. Si está bien mojado, el agarre será de 6 o incluso 6,5, pero si lleva tiempo sin llover, la resina de los árboles puede formar un jabón peligrosísimo con las primeras gotas, por lo que será interesante, cuando llueve ligeramente, deslizar con suavidad la bota en marcha para tantear y comprobar sobre qué clase de agarre estamos circulando.

Viajaremos durante kilómetros atravesando la espesura que forman los bosques de eucaliptos. Así, hasta que el panorama se extienda, y la carretera se vaya poblando en sus márgenes mientras que el tráfico va creciendo. Así llegaremos a Corme, un auténtico pueblo costero y pescador, muy gallego, del que arranca una breve carretera, digna de las mejores escenas proyectadas en la gran pantalla.

Tramo 2: Acceso al primer Cabo

Distancia: 2,5 km
Trazado: Revirado
Firme: Excelente, con peraltes
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

Cruzamos Corme y, al llegar al puerto, encontraremos el arranque de la breve carretera que nos lleva hasta el Cabo del Roncudo, con un cartel que nos anuncia el camino y una frase que a más de uno le resultará ciertamente pretenciosa; sin embargo, cuando vaya descubriendo lo que deja en su margen izquierdo y sobre todo lo que guarda al final, comprenderá que no es así, en absoluto, a pocos conocimientos que tenga sobre la pesca del marisco más preciado.

Unos bancos de piedra, algunos de ellos con mesas accesorias, a modo de merendero o de improvisado pupitre para el poeta, se asientan para mirar al infinito del océano, sobre la aspereza de unas praderas silvestres, que se van extendiendo en el margen de la calzada.

El Cabo del Roncudo

Bajo el faro del cabo Roncudo

El rumor marino que sirve de fondo a los sonidos que se oyen en cualquier playa, aquí se torna en un estruendo continuo, como la percusión acuática más grave que uno pueda escuchar, y sintiendo más de un sobresalto repentino, provocado por la rotunda ruptura de esa ola más grande que llega intercalada cíclicamente en cada docena de sus compañeras. La atención queda atrapada por el embrujo de ese vaivén, permanente y desigual, que mece las aguas con una manta de espuma que se extiende y se repliega de continuo para cubrir las aguas ibéricas más revueltas, y que nos deja embelesados, abducidos de la misma forma en que lo hace el sinuoso baile de las llamas dentro de una chimenea.

El olor salitre y la fragancia del yodo llenan la atmósfera con una intensidad que grabará su impronta en nuestra memoria. Y la luz de un día absolutamente espléndido, como el que tuvimos el privilegio de vivir allí, crea en la lejanía un resplandor genuino sobre la bruma permanente que nos presenta el panorama en una postal que parece escapar de nuestra realidad.

El Cabo del Roncudo se presenta como una auténtica invitación a la contemplación que retiene el tiempo hasta detenerlo. Merece la pena hacer un alto en el camino, llegado a este punto en el que el Atlántico muestra su bravura más salvaje. Uno de esos escenarios en los que se respira la trascendencia hasta el punto de llevarte a hacer un alto en la vida para volver la mirada atrás, hacia la senda que nunca se volverá a pisar, y luego hacia adelante, hacia la que, quién sabe, si aún nos queda por andar.

Tramo 3: Enlace Roncudo-Touriñán

Distancia: 68 kilómetros
Trazado: Recto y rápido
Firme: Excelente
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

El camino más rápido se hace a través de la AC-432, una carretera como las que vamos describiendo desde la introducción de este reportaje, un tramo que nos servirá de mero enlace, atravesando varias poblaciones dentro de un goteo de viviendas interrumpido irregularmente por breves espacios deshabitados. Después tomaremos a la derecha la AC-440, para ver cómo nuestro paso se siente algo más solitario; y por último, nos desviamos a la derecha, por una carretera estrecha, con el perfil combado, en la que apenas caben dos coches, que discurre flanqueada por una continua formación de helechos, con el tono del ladrillo en otoño, y el verde más espléndido en la primavera, mientras que nuevamente pasamos bajo el espeso palio de los eucaliptos, que a veces trenza unas umbrías tan densas que ensombrecen en nublado el día más brillante.

El Faro Touriñán

Faro Touriñán con Ducati

Al virar en una curva, de repente, el océano vuelve a mostrarnos su grandioso espectáculo, invadiéndonos con su atmósfera yodada mientras el azul más intenso contrasta con el blanco espumoso que remata el borde del litoral.

La carretera se estrecha aun más hasta atravesar un plano de una hierba tosca que recuerda a cualquier paisaje de la costa escocesa, o a los recortes que labra el Atlántico sobre el litoral irlandés.

Al final del camino, el Faro de Touriñán, mucho más aparente, cuidado y coqueto que el que preside el *Cabo del Roncudo, con una edificación anexa que debió de cobijar vaya usted a saber cuántos turnos de guardia, y cuántas vigilias, vividos por los antiguos salvaguardas de la costa antes de que la navegación digital controla al milímetro el rumbo de los marinos.

Al situarnos apoyados junto a la barandilla que rodea el pie del faro, el mar nos impacta con toda su plenitud, mientras nos situamos como si penetrásemos en él sobre la proa de un gran buque, como si fuéramos a atravesar la inmensidad del panorama que se extiende ante nosotros, invitándonos a navegar hacia puertos remotos de Terranova, de Groenlandia, ¡o quién sabe!, de cualquier confín del Atlántico.

Tramo 4: Touriñán-Finisterre

Distancia: 26 kilómetros
Trazado: Recto y rápido
Firme: Excelente
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

Un enlace breve y rápido, con las mismas características que los tramos anteriores, con más tráfico, si cabe, y que termina cuando nos desviamos a la derecha, para tomar una mini autovía que nos deja en la población de Finisterre. Un núcleo urbano de población considerable que tendremos que cruzar por completo para tomar la carretera AC-445, la carretera que finalmente nos llevará al faro y, también, que nos brindará la oportunidad de empezar a disfrutar, mirando a nuestra izquierda, del espectáculo que nos brinda el entrante del mar, con un espacio en la derecha cuajado de pinos.

Cabo de Fisterra, o Finisterre

Llegando a Finisterre

Cuando uno se asoma a este tercer extremo español, no le resulta extraño, en absoluto, que en el Mundo Antiguo fuera considerado el final de la Tierra conocida hasta entonces.

Al llegar al aparcamiento frente a la cruz que mira al infinito, será difícil evitar llevarnos una pequeña decepción, al encontrar un lugar tan remoto plagado tanto de guiris como de nacionales, que se retratan y autorretratan con los mismo gestos que si hubieran alcanzado el Polo Sur.

Tramo 5: Faro de Finisterre-Muros

Distancia: 77 kilómetros
Trazado: Sinuoso con buenos peraltes
Firme: Excelente. Guardarraíles protegidos
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

Al volver por esa misma AC-445, encontraremos en el km 9, antes de llegar de nuevo a la población de Finisterre, un espléndido mirador.

Resaltar que para recorrer este tramo de tan sólo 77 kilómetros, verdadera ruta motorista, tal como hemos adelantado en la introducción, Google Maps nos da un tiempo de algo más de dos horas. Con este dato, el lector podrá hacerse una idea del constante serpenteo por el que nos lleva la AC-550.

En el kilómetro 6, la perspectiva que percibimos tras el manillar crea un espejismo en el que vemos un viraje a izquierdas elevando su peralte sobre las aguas del océano, como si tuviéramos delante una vista aérea, justo antes de alcanzar otro espectacular mirador.

Un poco más adelante, un cerro eleva majestuosamente sus rocas calizas sobre el remanso que dibuja la línea de la costa para formar la coqueta playa de Ezaro, con su paseo iluminado, tan breve como delicioso; para que después, la carretera pase junto a las aguas que bañan las rocas, tan cerca, que casi puedes tocarlas, cuando vemos pasar por nuestra derecha los barquitos atracados en el puerto.

Lo cierto es que la carretera es un auténtico lujo para el motorista viajero y con ella nos llega, por primera vez en toda esta ruta, una verdadera sensación de costear. La conducción puede resultar muy divertida, desde luego; pero, si la interpretamos de ese modo, no nos dejará margen para recrearnos en ella porque esta carretera se ve híper poblada. Así continuaremos hasta Muros, población pesquera, con algún rincón en el que se acomodan placenteras terrazas para pintarlo, también, como un lugar que se ofrece al ocio, al descanso y al recreo.

Tramo 6: Muros-Mirador sobre Muros

Distancia: 8 kilómetros
Trazado: Sinuoso con buenos peraltes
Firme: Excelente. Guardarraíles Desprotegidos
Agarre: 7,5 en seco / 6 en mojado, comprobado.

En este punto, sugerimos al lector que haga una salida más de ida y vuelta, la cuarta en este caso, del mismo modo que hemos hecho al alcanzar los cabos anteriores. Aquí se hará para virar hacia tierra adentro y alcanzar un plano elevado ciertamente sorprendente, en el que el mar no dejará de tener su particular protagonismo.

Tomaremos a la izquierda la AC-400, e iniciaremos una ascensión entre pinos, con un trazado que representará toda una tentación para los más quemados, que, ojo, deberán retener sus ímpetus más aun que en cualquier otra carretera cuando encuentren la intimidación de unos guardarraíles sin protección sobre el mismo borde del carril derecho.

Al coronar la última rampa, un enjambre de gigantes eólicos nos dará la bienvenida a un paraje que en cierto modo se antoja como un montaje panorámico de la ciencia ficción. Y en medio del pequeño altiplano, nuestro premio a esta escapada con 8 km de ida y vuelta.

Mirador sobre Muros

Hemos querido llamar así, aunque ni siquiera tenga nombre, a esta postal en la que la Mano del hombre da su pincelada en forma de blancas hélices, que con su particular zumbido eléctrico, ponen ese punto futurista sobre el propio soplido de la brisa marina, que envuelve una perspectiva irrepetible, en la que toman protagonismo un cerro empedrado en el frente, los pinos alfombrando todas las ondulaciones que nos rodean y allá abajo, en el fondo, la presencia del océano, no queriendo ser menos y resultando quizá el que más, al ofrecernos una silueta de la costa que recuerda a escala, ciertamente achatada y desde luego desierta, la donostiarra bahía de La Concha. Una forma curva junto a la que pasamos unos cuantos kilómetros atrás, antes de llegar a Muros, pero que la perspectiva tan cercana que ofrecía aquella carretera, la A-550, no nos permitía apreciarla en todo su esplendor, tal y como lo hacemos desde la explanada elevada, en la que nos hemos detenido junto a la carretera.

Padrón

Bajamos de nuevo a Muros y seguimos nuestra ruta, tomando la AC-554, una carretera sin demasiada enjundia, al estilo de las que hemos utilizado de trámite, como enlace entre los tres cabos, hasta que alcancemos una localidad tan emblemática como Padrón, la que vio nacer a Rosalía de Castro, y famosa también, ¡cómo olvidarlo!, por sus pimientos escabinados, unos sí y otros no.

Las casas y las piedras de esta localidad dan a sus calles un aire melancólico, que resulta casi imposible de eludir a la mirada, y que sin duda inspiró a la poetisa gallega más universal; una morriña que casi se palpa y que muestra a este rincón como uno de los que guarda en sus pasajes y travesías la esencia gallega más concentrada tal vez de toda la ruta…, y la de las meigas también.

Las fachadas lóbregas, los chopos sobre el amplio paseo junto al río, sus bancos decimonónicos, y los pilares navales del puente de piedra rezuman melancolía e incluso parecen llorar en un atardecer soleado, como el que nos tocó vivir para contemplarlos. ¡Qué serán en un día plomizo y apagado!

Y desde Padrón, a escasos 20 kilómetros, nuestro destino final de esta ruta, junto a Caldas de Rei.

Hotel Torre del Rìo

Hotel Torre del Río, fachada recepción

La entrada al recinto se abre sobre la misma carretera, franqueada por una sólida verja de forja que se afianza sobre la piedra de dos columnas, al modo señorial de cualquier mansión que acostumbramos a ver en el cine. Todo un presagio que sin embargo no evita la sorpresa que guarda tras de sí, por muy elevadas que sean las expectativas con las que alcancemos la meta de esta espectacular ruta. Todo un merecido colofón.

Los volúmenes de piedra que componen el conjunto de edificios se va descubriendo con un avance de nuestros pasos retenidos por el asombro que vamos sintiendo, hasta situarnos en el centro del primer jardín, justo frente a la recepción del hotel, que se abre bajo una fachada lateral que extiende sobre nosotros todo su esplendor gallego de dos siglos atrás.

El río pone el fondo sonoro a todo, un fondo constante en este rincón enclavado en el siglo XIX, que invita a la paz, al reposo, a la lectura pausada, desde luego al romanticismo y también, ¿por qué no?, a la propia introspección.

El mimo del hotel se aprecia desde el mismo momento en el que uno se interna en el recinto, en el repaso impecable del césped o en la lustrosa presencia que muestran todas las zonas ajardinadas, Un mimo que cubre todo el interior también, en detalles como el nombre de las habitaciones: Lavanda, camelia, azahar, mimosa…, o la estudiada formación geométrica con la que se colocan los cubiertos equitdistantes y que parecen haber sido medidos con regla respecto al borde de la mesa. Detalles como la servilleta enrollada con un lazo que sujeta una hoja verde, natural, por supuesto, o la tarjeta de bienvenida en la habitación, escrita a mano.

El hogar del comedor, sólido en construcción y eterno en apariencia, como toda la edificación e incluso el propio mobiliario, ha cedido su espacio interior para dar palio a la cafetera, la tostadora y otros artilugios para el desayuno, con una naturalidad tal que cuesta reconocerlo como chimenea.

Este recinto fue construido a principios del siglo XIX como fábrica de algodón, para que sobre 1.870, se convirtiera en la factoría de papel continuo más importante de Galicia y tal vez de toda España. El conjunto fue abandonado por completo llegada la Guerra Civil. En estado de ruina absoluta fue adquirido por su actual propietario para que primero lo limpiara y después construyera el coqueto hotel del que podemos disfrutar hoy día. Fue inaugurado hace diez años, y desde entonces registra una ocupación continua, con clientes procedentes de cualquier rincón de El Planeta, muchos de ellos con el objetivo de hacer el camino portugués de Santiago, que pasa por Caldas del Rey.

El hotel se diseñó y construyó a imagen y semejanza del edificio que albergó en su día la administración de la fábrica y la vivienda de sus propietarios de entonces, y está situado en una hondonada a 4,3 km de Caldas de Rei, en dirección a Moraña.

Web Hotel Torre del Rìo

Hotel Casa Bandariz

Hotel Casa Bandariz, entrada

Una sopa de cocido, servida sobre un mantel de paño y entre muros de piedra, puede resucitar el espíritu más agotado del motorista viajero tras una larga travesía; sobre la mesa también el pan gallego, ése que al día siguiente no sólo conserva toda su esponjosidad, sino que guarda en su corteza el aroma que da el tueste con leña de roble; y la patata gallega, ¡cómo no!, con su textura terrosa, acompaña cualquier plato con el amago constante de protagonizarlo en cada bocado.

El chorro irregular de un caño, que no ha cortado su torrente desde hace cuatrocientos años, ameniza el ambiente del comedor con su melodioso chapoteo. Es como si el estilo árabe más sibarita de los tiempos en los que se recreaban edificando los canales y diseñando los pasamanos acuosos de La Alhambra hubiera venido a penetrar en tierra celta. Y junto a la fuente, un viejo carrillón, de aspecto tan impecable que parece haber viajado hasta la casa sobre la máquina del tiempo, da sus campanadas mientras llega a la mesa una obligada tarta de Santiago. Y la copa de orujo, obligada o no, te coloca en la rampa de despegue hacia un descanso absolutamente placentero, quién sabe si con sueños protagonizados por trasgus o por meigas, quién sabe si flotando en esa atmósfera de misterio y de leyenda, en esa niebla que tan a menudo envuelve la tierra gallega.

El Hotel Casa Bandariz lleva abierto como hospedería rural desde hace 24 años, habiendo sido en su día una casa de labranza que pertenece a la familia propietaria actual, desde 1522 como la herencia que figura en el testamento original expuesto en la misma recepción del hotel. Se halla a tan sólo 29 kilómetros de Santiago de Compostela, con el Monte Do Gozo a 25, por lo que el huésped más frecuente es el peregrino que siente ya muy próxima la meta de su largo camino. Apenas a 800 metros del hotel, se encuentra un interesante museo de la miel, mientras que el pantano de Porto de Muros y las cataratas de Hortas se hallan a un kilómetro y medio, además del paso cercano de varias rutas de senderismo homologadas.

La casa ofrece 18 plazas en 8 habitaciones, y la base de su carta es el capón de corral y las filloas rellenas, con la tarta de orujo como postre.

Web Hotel Casa Bandariz

Hotel Perfeuto María

Entrada a hotel Perfeuto María

Enclavado en un paraje apartado, presidido por ese silencio mágico que cubre el interior de toda Galicia, Perfeuto María muestra de inmediato, desde el momento de cruzar su entrada, la sensación de penetrar en un espacio cien por cien rústico. Y al pasar al interior, esa sensación se matiza para convertirse en la de estar dentro de un hórreo continuo. Lo cierto es que la adaptación de este tipo de construcción a una hospedería se ha conseguido de una forma absolutamente natural. De hecho, da la impresión de que el edificio nació así, como alojamiento para el viajero. Una recepción con las paredes y con las vigas atravesadas que le dan el aspecto de un hórreo y, así mismo, unas habitaciones que mantienen la sensación de descansar dentro de un hórreo.

Este hotel tan gallego abrió sus puertas al público en 2.001, tras un largo tiempo de trabajo y de maduración llevado a cabo por el grupo familiar que lo regenta, formado las hijas y los nietos de Perfeuto María, con la ayuda de amigos, parientes y vecinos de Outes, localidad en la que se levanta, a 42 km de Santiago de Compostela, 645 de Madrid y 1.197 de Barcelona. Su enclave junto a un castro celta, se sitúa en un valle fluvial en el interior de la ría de Muros y Noia; y en su entorno se pueden encontrar asentamientos prerromácincos, con su lógico interés histórico y turístico, como el Dolmen de Berdoias y el de Olveira (Dumbría), el Dolmen de Cabaleiros (Tordoia), el Dolmen de Corbeira (Mazaricos), el Dolmen de Dombate (Cabana) y el Dolmen de Axeitos en la sierra de Barbanza.

Web Hotel Perfeuto María

Si tenemos que hablar de dos virtudes de esta moto que particularmente destaquen en una ruta como ésta son la entrega de potencia y la tracción.

El Testastettra 2, en esta versión de 937 cc, se muestra como un propulsor contundente a la hora de catapultar a la pequeña Multistrada desde el fondo de cada viraje, por cerrado que éste sea. El 950 empuja con músculo y con mesura a la vez, con una continuidad llena y progresiva hasta poco más allá del medio régimen; porque esta moto no es de las que se vuelve loca arriba, algo que resulta muy poco práctico en general, e inútil, en el caso particular de las carreteras gallegas.

Por otro lado, esa misma progresión graduable al milímetro con el puño del gas, otorga a esta Ducati una tracción de lo más efectiva que permite controlar, en la inmensa mayoría de las situaciones y a poco tacto que se tenga con el puño, sin la intervención del genio electrónico, y su considerable coste añadido al precio final.

Cabo Roncudo:  Perspectiva

Además de ello, la estrechez y la ligereza, dentro de esa categoría maxitrail, que permite cargarla con un pertrechado equipaje, se proyectan sobre la ruta en forma de una soltura que hace verdaderamente sencilla la conducción por estas carreteras, a veces umbrías y en muchos casos retorcidas, para fluir por ellas con verdadero placer.

Por último, la posición trail, tomando el manillar con la propia de la categoría, nos ofrece un firme control sobre la moto para pasar sobre la multitud de humedades que se emboscan bajo las sombras de eucaliptos y robles, apoyadas en unas suspensiones Sachs que cumplen con ese compromiso, siempre difícil, de absorber las inercias en mojado, mostrándose al mismo tiempo lo suficientemente sólidas en el paso por los virajes más rápidos.

Galería de fotos

  • Oleaje en el cabo Roncudo
  • Oleaje en el Faro Touriñán
  • Hacia el Cabo Roncudo
  • Faro Roncudo
  • Panorama desde el cabo Roncudo
  • Cabo Roncudo:  Perspectiva
  • En moto al cabo Roncudo
  • Desde el cabo Roncudo
  • Con la Multistrada 950 en el cabo del Roncudo
  • Panorámica del cabo Roncudo
  • Llagando en moto al cabo del roncudo
  • carretera Cabo Roncudo
  • Bajo el faro del cabo Roncudo
  • En moto al faro Touriñán
  • Panorama desde el Faro touriñán
  • Faro Touriñán con Ducati
  • En el punto más occidental de la España peninsular
  • Frente a la cruz de Finisterre
  • Llegando a Finisterre
  • Panorama a un lado de Finisterre
  • Mirador sobre Muros
  • Panorama desde mirador sobre Muros
  • Molinos en el mirador sobre Muros
  • Entrada a hotel Perfeuto María
  • Hotel Torre del Río, bienvenida
  • Hotel Torre del Río, fachada recepción
  • Hotel Torre del Río, fachada lateral
  • Hotel Torre del Río, piscina natural
  • Hotel Torre del Río, general
  • Hotel Torre del Río, desde una de sus terrazas
  • Hotel Torre del Río, jardin
  • Gasolinera Shell en la A-6
  • Iglesia junto a Hotel Casa Bandariz
  • Hotel Casa Bandariz, entrada
  • Hotel Casa Bandariz, chimenea
  • Hotel Casa Bandariz, caño de agua con más de 400 años
  • Hotel Casa Bandariz, comedor
  • Hotel Casa Bandariz, sopa de cocido y pan gallego
  • Hotel Casa Bandariz, tarta de orujo
  • Hotel Perfeuto María, fachada principal
  • Hotel Perfeuto María, hall

Equipamiento del probador

Casco GIVI X.01 Tourer GIVI X.01 TOURER blanco
Marca: Givi Tipo: Cascos Modulares
Ficha completa
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